miércoles, 19 de diciembre de 2012

EL CAÑONAZO

Un ritmo cotidiano que teníamos en Cartagena, y nos servia como referencia horaria, era escuchar los tres cañonazos disparado desde el muelle de Levante del Arsenal Militar.
El primero a las ocho de la mañana, el segundo a las doce del mediodía (la hora de la meridiana, un recuerdo de antiguas formas de navegar), y el tercero no tenia hora fija, estaba marcado por la puesta de sol.

"El Cañonaso de las doce". Foto Moises Ruiz Cantero 1983.

Con este último, y minutos antes de que ocurriera el ocaso, provocaba en todas las dependencias militares el ajetreo diario que imponía el arriado de la bandera, con su correspondiente protocolo: preparación de la guardia para rendir honores, el soldado o el marinero encargado de hacer descender la bandera desde lo alto del asta, esperando atento a las ordenes del cornetín de ordenes, etc.

Se puede conseguir esta foto como fondo de escritorio en (A) ver bibliografía
Si estabas en la plaza de los Héroes de Cavite, vivías ese momento mirando hacia la bandera del Gobierno Militar, situada en la esquina de la Muralla del Mar. La gente se paraba con respeto mientras sonaba la corneta, y tras la pequeña ceremonia escuchabas en los buques de guerra atracados en el muelle, el sonido del silbato dando la orden por los altavoces para encender las luces, el toque de oración, cambios de guardia, etc. ¡Y todo ello orquestado por un cañonazo!.

Bandera en la esquina de la muralla, frente al antiguo Gobierno Militar.
Foto J. Almarza

Si en cambio te encontrabas en las Puertas de Murcia, a la altura de Capitanía General, minutos antes ya estaba formada la guardia por Infantes de Marina, esperando el ruido del cañonazo. Tras escucharlo, el oficial ordenaba presentar armas y mientras sonaba el cornetín, un marinero empezaba el arrío de la bandera, emplazada en el balcón principal del primer piso. Debo decir que ese momento, que vivía desde que era pequeño, siempre me causaba honda emoción.
Lo mismo ocurría en las diversas dependencias militares: Cuartel de Antiguones, Parque de Artillería, Cuartel de Instrucción, Arsenal, etc. Esos minutos, en esas calles o plazas, podríamos decir que se interrumpía todo, había un respeto que se palpaba por medio del silencio de la gente parada en la calle, sin moverse, quedándose en espera mientras duraba la bajada de la enseña nacional.

Silbato Ordenes de la Armada Española.
Una prueba de la impronta que nos dejaba esta rutina diaria del cañonazo: para nosotros los cartageneros, era clásica la burla cuando nos pedían fuego para encender un pitillo, diciendo con nuestro seseo típico:  “ensiende en el cañonaso de las dose”.
Mi amigo Sebastián, poeta él, también plasmaba en cuartillas sus vivencias; acoto parte de un articulo suyo referente a este tema
“…-¡¡BOOOOMMM!!- Se escuchaba en la tarde, cuando el Sol entraba en el ocaso. Los chavales recogíamos los trompos o las canicas y marchábamos raudos para casa. El cañonaso de postura de sol era el aviso de que el tiempo de juegos se había acabado. Había que hacer los deberes y tomar la cena. Los padres eran muy rígidos en ese aspecto, y no interesaba llevarles la contraria.
En la vida cotidiana de mi barrio, el cañonaso siempre estaba presente (supongo que en otros puntos de la ciudad sucedería igual). Ahora vivo en Los Dolores, y aquí no llega el entrañable zambombazo. Mas siempre estará en mi memoria para recordarme aquellos años de privaciones que, sin embargo, añoro por muchas razones.
Para mí, el cañonaso ha sido como las campanadas del Big Ben de la Torre de Londres, un sello muy particular de nuestra ciudad; algo tan cartagenero como la Semana Santa o la Bocana del Puerto. Porque hay sonidos que también se aman.
El cañón será de la Armada, pero el cañonaso es de todos los cartageneros que saben apreciarlo…”

Ceremonia del Cañonazo a las 9 de la noche en La Habana.
Foto de absolut-cuba.com
En ciudades como La Habana, Santiago de Chile, Ceuta, es una tradición el disparo de cañones, siendo también utilizado como reclamo turístico, y Cartagena dejó perder esa costumbre, y también, por tanto, esa representación de recogimiento que hacían sus habitantes mientras bajaban la bandera.
Pero no todo está perdido, desde hace poco fechas, el último jueves de cada mes se celebra el arriado solemne de bandera en la Capitanía General de Cartagena, sede del Cuartel General de la Fuerza de Acción Marítima, por su entrada de la Plaza de San Sebastián.
La Fuerza que rendirá honores a la bandera y una unidad de música del Tercio de Levante, saldrán desfilando por la puerta del Arsenal Militar y se dirigirán al cercano Palacio de Capitanía General, mientras interpretan distintas marchas militares. Tras el acto regresaran por el mismo itinerario.

Arriado bandera último jueves en Capitania.
Foto Web Armada
D. Luis Delgado, siendo director del Museo Naval de Cartagena, en unas declaraciones al diario “La Verdad”, manifestaba su ilusión de poder instalar en el frente marítimo del nuevo Museo (antiguo Cuartel de Instrucción de Marinería), en el cantil del muelle, los 28 cañones en batería del siglo XVIII con sus cureñas, y que seria impresionante que dos personas vestidas de época salieran a las doce del mediodía para dar el cañonazo.
Bateria cañones en el Arsenal 1897.
Foto de El Mundo Naval Ilustrado
Ya que estamos metidos en cañonazos, el origen de las salvas militares, se pierden en la Edad Media. El rey, realmente estaba muy limitado en sus poderes por la nobleza, eran los dueños de los “señoríos reales”, siempre estaba en el aire la posible usurpación de la corona, y ante esta incertidumbre, sobre todo al visitar el rey alguna plaza fuerte; para “desarmarla” la monarquía obligó a que se saludase al rey disparando todos los cañones, quedando así estos inermes.
A raíz de esto se utilizaban los cañones para rendir honores, tanto en visitas reales, personalidades importantes, funerales de estado, nacimientos de príncipes, etc. Quedando regulado de una manera muy explicita por medio de las Reales Ordenanzas Militares. Acompaño como curiosidad la portada y parte del articulo 57 del titulo 3º de las mismas, referentes a funerales reales.


Proxima la Natividad, deseo que paseis unas felices fiestas navideñas en compañia de toda la familia, y que el nuevo año 2013 cumpla todas vuestras peticiones.

Bibliografia:

(A) - http://www.fondos10.net/paises/bandera-de-espana-wallpapers-28882
- http://www.absolut-cuba.com/el-tradicional-canonazo-de-las-9/
- La Verdad de Cartagena. 28 noviembre 2012.
- El diccionario Icue. Ángel Serrano Botella. Asoc. Libreros de Cartagena. 1997.
- Apuntes sobre el habla de Cartagena. Isidoro Valverde. 1980
- El Cañonaso. Sebastián García Campillo. 2001
- http://www.armada.mde.es/
- Ordenanzas Generales de la Armada Naval. Madrid 1793.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

PLAZA DE LA MERCED - EL LAGO

En Cartagena, donde está acentuada la costumbre de los motes, y como decía D. Isidoro Valverde “al cartagenero no le gusta llamar a las cosas por su nombre”, muchas veces no prosperaban las decisiones políticas del cambio de rotulación para las calles o plazas, y las gentes del lugar siguen llamándolas por el nombre que sus mayores le transmitieron.
Sirva como ejemplo la calle Sagasta, que es Jabonerías (también llamada calle de los Padres), la plaza de los Carros es la plaza de Alcolea. Caso similar ocurría con la calle del Beneficiado del siglo XVI, nombrada posteriormente del Olmo, a mediados del XVIII en la documentación municipal aparece como Duque de Osuna, en 1912  a raíz del asesinato del Presidente del Consejo de Ministros se acordó darle el nombre de Canalejas, pero pese a tantos cambios la gente seguía llamándola calle del Cañón, su nombre actual, como reminiscencia de una vieja pieza de artillería que el Concejo Municipal colocó al final de la calle a últimos del siglo XVII.
La actual plaza de la Merced, ha tenido también una amplia variedad de denominaciones: Esta plaza en 1632, era conocida como "Plazuela de San Diego", dado que el espacio donde estaba construida se denominaba "Arrabal de San Diego", es decir, el terreno comprendido desde la muralla de los Austrias hasta el Convento de San Diego, edificado en 1606. Esta zona era conocida a finales del s. XVI como “Hoya de Heredia”.
Plano 1598 Leopoldo Sánchez y Joaquín Alcaraz
Como digo, en 1632 la municipalidad deseando tener una gran plaza pública, en esta zona compra casas y solares, allanando y rellenando el terreno, y crea una plaza con una fuente pública que se surtía del cercano manantial de San Juan.
En una reunión del Cabildo Municipal Cartagenero del 17 de septiembre de 1708, se leyó un escrito del Obispo de Cartagena, Cardenal Belluga, donde recomendaba una petición de los religiosos del Hospicio de San Julián, para trasladarse a unas casas de su propiedad en la citada plazuela de San Diego, y evitar la posibilidad de ataques de corsarios o berberiscos. Concedió el Ayuntamiento su licencia para este traslado, fundando ese mismo día, los religiosos citados, el Convento de Nuestra Sra. de la Merced. La plaza que quedó, tomo este nombre, donde celebraba Cartagena la feria de agosto, y a partir del año 1854 dicha feria fue trasladada a la plaza de San Francisco.  

1784 según Zappino de Esteve
Al proclamar las Cortes de Cádiz la Constitución, el año 1812, una Real Orden mandaba que todas las ciudades, villas y lugares de la nación, llamaran a su plaza principal "de la Constitución". La plaza de la Merced era donde se había dado a conocer el nuevo Código, y se colocó una tabla con el nuevo nombre. Pese a ello, el pueblo seguía llamándola "de la Merced". En 1814 dicha tabla fue rota a balazos y quemada. Al proclamarse por segunda vez la Constitución tras el alzamiento de Riego, los vecinos solicitaron al Ayuntamiento se colocara una placa conmemorativa, accediendo la Corporación el 19 de Marzo del mismo año. En 1823 se deroga la Constitución por segunda vez, cambiándose de nuevo el nombre por el de "Plaza Real". El cambio de placa se tuvo que hacer con nocturnidad, para evitar que los constitucionales pudiesen organizar algún motín.
En 1834, una revuelta popular destroza la lápida con el nombre de Plaza Real, y el uno de enero del año siguiente, el Gobernador Militar ordenó que se aplicara el nombre de "Isabel II" a la plaza múltiples veces bautizada. El pueblo no aceptó tal denominación, y siguió llamándola de la Constitución y otras veces de la Merced.

Antigua Casa de Expósitos, hoy desaparecida
En 1857 quedó constituida la Casa de Expósitos en esta plaza, sustituyendo a la Casa de Recogidas del siglo XVIII, donde por medio de un torno se depositaban a los niños abandonados.
Corría el año 1864, cuando el Ayuntamiento proyectó instalar en el solar del desaparecido Convento de Padres Mercedarios un teatro, pero sólo fue eso, un proyecto, y autorizó en cambio la instalación de un circo de títeres, almacenes y un reñidero de gallos.
En 1873, queriendo el Ayuntamiento conmemorar la actual forma de gobierno, La República, acordó llamarla "Plaza de la República Federal" (para siempre jamas, aparece en el acta).
Con motivo de la Revolución Cantonal entre 1873 y 1874, esta plaza tambien sufrió los bombardeos por parte de las tropas del general López Dominguez, antes de la rendición de la ciudad.

1874 Plaza de la Merced tras los bombardeos de las fuerzas Centralistas
A finales de la década de 1870, se transforma la plaza en un bello jardín, según proyecto del ingeniero jefe de los Plantíos y Jardines de Madrid D. Eugenio de Garagorza, con una pequeña balsa central. El cartagenero que siempre busca cambiar el nombre a las cosas, la bautizo con el nombre de "Lago Salado" (de donde procedería el nombre más comúnmente conocido "plaza del Lago").
Tras estos avatares, volvio a recibir su antiguo nomnbre "de la Constitución".
En 1880, se demolieron los restos del antiguo monasterio de Mercedarios, y se construyó una plaza de abastos, mercado de aves y pescados, propiciada por el industrial D. Ricardo Spottorno. que a raiz e la desamortización de los monasterios, habia adquirido el solar en subasta pública.

1912 Plano de Julián Saez
Cuando esta quedó sin uso, sirvió más tarde para instalar una sala cinematográfica, el Gran Salón Sport, y posteriormente bautizada como Cine Central. 


Patio de butacas del Cine Central
Tras la Guerra Civil, esta plaza se rebautizo con el nombre del fundador de Falange Española "plaza de José Antonio". Al pasar varios años tras la instauración de la democracia, volvio a recibir su primitivo nombre PLAZA DE LA MERCED.
Hay en esta plaza, un edificio del arquitecto Tomas Rico Valarino, conocida como la casa de Celestino Martínez. 

1900 Casa Celestino Martínez
Según los expertos, dicen que esta obra fue clave para la difusión del modernismo en la Región de Murcia. La fachada es un enlace de piedra, ladrillo y cemento visto; sin olvidar el clásico balcón y mirador, pero en los laterales de este se observa la adopción de una forma cóncava, novedad que se impondría en otros edificios de Cartagena. Es una curiosidad el enorme rosetón que culmina el mirador del tercer piso.


 1901Palacio de Aguirre

En 1901 se termino de construir en la esquina con la calle de San Diego, la casa-palacio para el rico minero Camilo Aguirre, que posteriormente, tras la contienda civil de 1936-39 acogió la sede del Frente de Juventudes y la emisora-escuela Radio Juventud de Cartagena. En la actualidad es sede del Museo Regional de Arte Moderno.

También tiene esta plaza un monumento, inaugurado el cuatro de abril de 1926, dedicado al Comandante Villamartín (Cartagena 1833-Madrid 1872), obra del afamado escultor José Capuz.

El cartagenero Francisco Villamartín Ruiz de la Peña, que llegó al grado de comandante, tras una amplia experiencia castrense, obtenida no sólo en el campo de batalla (fue herido en 1856, cuartel de San Pablo, Barcelona) también como escritor especializado en temas militares ("Nociones del Arte Militar", "Historia de la Orden de San Fernando", "Historia de las Ordenes de Caballería", "San Lorenzo del Escorial", etc.), publicando asimismo gran cantidad de artículos en periódicos militares y políticos; fue nombrado Caballero de la Orden de Carlos III, como recompensa por sus escritos militares.
Esta plaza tuvo un gran ambiente, sobre todo las tardes de los domingo, al estar ubicada en ella la delegación del Patronato de Apuestas Mutuas Deportivas Benéficas, en la conocida “Bodega Juanito” regentada por D. Juan Pérez Iniesta, y en su fachada se colocaba una gran pizarra donde iban apareciendo los resultados de los partidos de futbol jugados en la jornada del domingo, y la correspondiente quiniela del boleto 1-X-2.

4 de marzo de 1962, quiniela 1-X-2
 En la esquina con la calle del Duque, estaba la “cafetería Puerto Rico”, donde solía reunirse la afición del Efesé (Cartagena FC) antes de su partido en el estadio del Almarjal , viéndose una procesión de aficionados ascender por esta plaza hacia la calle de San Diego dirigiéndose hacia el estadio blanquinegro.
En la acera sur, ejercían su trabajo varios betuneros, y de niño me acuerdo cogíamos los envases metálicos grandes de betún vacíos que tiraban, y tras taparlos nos poníamos a jugar a “la lata”, como si fuera una pelota.
Había una gran palmera, por su altura de 31 metros y medio, que se mecía enormemente los días de viento; me acuerdo de pequeño quedarme asombrado, al ver cuando subían a su copa para podarla, y el hombre encaramado hacia esfuerzos para no caerse, mientras tanto un guardia urbano apartaba a la gente de los pies de la palmera para no recibir el impacto de las hojas que caían. Un 31 de octubre de 2004 a consecuencias de un fuerte viento huracanado, la famosa palmera con dos siglos de existencia, fue abatida partiéndose su largo y delgado tronco.

La vieja farola central en la actualidad
 La plaza tenía mucho ajetreo de viandantes, habían muchos comercios que la rodeaban, recuerdo Viajes Egea, con Anita vendiendo los billetes para Cabo de Palos, y las cercanas playas del Mar Menor. La casa de huéspedes o pensión La Valenciana, los quioscos de prensa de Carmelo y de Miguel. Enfrente del Cine Central estaba el quiosco de la familia de Plácida.
Y hay un precioso evento que se repite todos los años en esta antigua plaza, el tradicional encuentro de la madrugada del viernes santo marrajo, siendo muchas veces imposible presenciarlo dada la enorme cantidad de público que desea estar presente.



1960 kioscos de prensa y helados

1969 Cambio de estilo de los kioscos
Pero pese a todos los nombre que ha tenido este lugar, esta plaza seguirá siendo “El Lago” para los cartageneros.

 Bibliografía:
- Cartagena y su entorno. Isabel Olmos Sánchez. 1989.
- Historia de las calles de Cartagena. Federico Casal. 1930.
- Cuentos de Cartagena. J. Mediano Duran. 1988.
- Cartagena 1874-1936. F. Javier Pérez Rojas. 1986.
- Cartagena ciudad mediterránea. Manuel Ponce Sánchez. 1998.
- Ermitas y cosas de Cartagena. Ernesto Ruiz Vinader.
- Crónicas cartageneras para el siglo XXI. José Monerri Murcia. 2003.
- http://www.salganando.es

viernes, 30 de noviembre de 2012

ARSENAL DE CARTAGENA

Cuando era niño, la calle donde vivía en el casco antiguo de Cartagena, se llenaba por la mañana temprano de obreros que iban de paso hacia su trabajo en el cercano astillero, bazaneros los llamaban.
Bazaneros… una forma de nombrar a los trabajadores de la Empresa Nacional Bazan, que tenía una de sus factorías en Cartagena, específicamente en el antiguo mar de Mandarache. Antes de llegar a ser la empresa Bazán, veamos como transcurrió desde su inicio la industria naval en esta ciudad.
Tras más de 250 años, el Arsenal de Cartagena sigue siendo un referente dentro de la historia naval y militar española, se decidió su ubicación en esta zona de la costa murciana dada su situación privilegiada y estratégica, un puerto natural estimado por los marinos como uno de los más seguros, habiendo jugado un papel importante como punto de entrada y salida de las variadas culturas y civilizaciones que se asentaron aquí.
Todo nace con la real orden de 5 de julio de 1728, por la cual se otorga a Cartagena la categoría de Capital de Departamento Marítimo.
Reinando Felipe V y siendo Ministro de Marina Zenón de Somodevilla y Bengoechea, Marqués de la Ensenada, el 20 de febrero de 1731 se inicia la construcción del primitivo Arsenal, que tuvo no pocos reparos, modificaciones y cabezas rectoras durante los cincuentas años que duran las obras. El proyecto inicial es del ingeniero Alejandro Res, no pudo llevarse a cabo por su fallecimiento, continuó la obra el Ingeniero militar Sebastián Feringán y Cortés, con múltiples variaciones en planos,  que comunicaba semanalmente al Almirantazgo en Madrid; Juan Bautista French le sustituye en la dirección de los trabajos desde junio de 1738, todo el mundo que interviene en el proyecto quiere dirigir la obra, y el 22 de febrero de 1739 llega el nuevo ingeniero, Esteban Panón, que llevaria más tarde en 1747 las obras de reforzamiento de las murallas de Valencia. En mayo de 1749, vuelve de nuevo Feringán desde Granada para hacerse cargo de las obras.
Como en esta zona del mar de Mandarache se encontraba el aliviadero de la rambla de Benipila, el primer problema que tuvo que solventar Feringán fue desviarla hacia la Algameca Chica, construyendo un canal de 1700 metros y 65 metros de anchura que llevara las aguas, y evitar así posibles inundaciones, además de que estas podían cegar la nueva dársena que se pensaba excavar en el delta del aliviadero de la rambla.
En el antiguo delta se excavó la dársena militar, un rectángulo de 550 X 318 metros y calado de 9,5 metros que unida a la bahía constituyó el nuevo puerto de Cartagena.
Contorno de la excavación en el Mar de Mandarache, según plano de Feringán.
En 1756 se finalizan las obras de los dos diques secos, los primeros y mayores que se hacían en el Mediterráneo de estas características. Mientras tanto Feringán desarrollaba otros proyectos, una de sus obras, poco conocida, es el diseño de la nueva portada de la catedral de Murcia,(llevandose a efecto, salvo pequeñas variaciones por el arquitecto Jaime Bort). A su muerte, en 1762, Feringán sería sustituido por Mateo Vodopich, ingeniero militar italiano que había sido su segundo. 

                                    1764 Plano de Vodopich con las obras a esa fecha. Archivo de Simancas
 El 18 de julio de 1772, es nombrado Inspector General de Arsenales el Teniente General Don Pedro González de Castejón, comenzando el proceso de militarización de los Arsenales. Acabados los Muelles, Almacenes de madera y aparejos, talleres de arboladura y fabricación de jarcias, cuarteles para presidiarios y forzados a galeras, tres gradas y dos diques secos, se disponían de los servicios imprescindibles para atender las necesidades de la Armada.

Recreación Arsenal terminado. Museo Naval. Madrid
Se acaban las obras del Arsenal el 31 de enero de 1782, reinando Carlos III, con un coste total de 112.284.648 de reales de vellón (*), siendo el complejo industrial más importante de la cuenca mediterránea, trabajando diariamente miles de personas tanto en la construcción, como en el mantenimiento de las unidades navales de la Marina Real.
Navío "San Genaro" similar al "Velasco". Museo Naval.
El primer barco que se bota en este arsenal es el jabeque Galgo, en el año 1750, y el primer navío de 58 cañones es el Tridente, entregado en 1754.
Hasta finales de este siglo XVIII se construyen 21 navíos, 17 fragatas y más de medio centenar de bergantines, jabeques, urcas, etc. No siempre fueron fáciles los trabajos en esta época, ya que el arsenal no estaba completamente terminado, un ejemplo fue el navío de línea “Velasco” de 68 cañones, botado el 18 de agosto de 1764, su construcción se vio retrasada por la falta de materia prima, por lo que se tuvo que recurrir a una partida de madera llegada de Rumania para terminarla.
Durante el reinado de Isabel II, en 1849, se acometen importantes obras de ampliación que duraron 17 años, que incluyeron tres gradas horizontales, un dique receptor y otro flotante.
En 1889 se electrifican los talleres y edificios administrativos, iniciándose la construcción de un dique seco de grandes dimensiones entre 1896 y 1902, capaz de carenar buques de transporte de 12.000 toneladas.

1897 Crucero Lepanto en el Dique
En 1909, parte de la zona industrial es cedida a la Sociedad Española de Construcción Naval (SECN), para ser explotada, bajo contrato, al servicio de la Armada. Esta empresa llamada “La Naval”, monopolizó la construcción naval en España hasta la guerra civil de 1936, y eran propietarios mayoritarios dos empresa inglesas,”John Brow” y “ Vickers-Amstrong”, participando también capital español, representado por el marques de Comillas y el conde de Zubiri. La SECN podía construir buques para otras Marinas o a particulares, pero dando siempre prioridad a los pedidos de la Armada española. 
Salida de la SECN al muelle de la ciudad
Esta nueva empresa inicia la construcción de 16 destructores de la clase Churruca, los tres primeros fueron Churruca, Alcalá Galiano y Sánchez Barcáiztegui que fueron botados en mayo de 1925 y julio de 1926. En 1917 se pusieron en quilla los seis submarinos de la Clase B, y en 1923 otros seis submarinos de la Clase C, además de dos buques petroleros.
Destructor Lepanto, serie Churruca
Al término de la guerra civil en 1939, SECN pierde su contrato, que va a ser controlado por el Estado, creándose el Consejo Ordenador de Construcciones Navales Militares (COCNM), haciéndose cargo de las unidades que estaban pendientes de finalizar.

Gradas horizontales 1, 2 y 3 del COCNM
En 1947 a iniciativa del INI, se crea una sociedad estatal española, la Empresa Nacional Bazán de Construcciones Navales Militares S.A. dedicada al sector de la construcción naval militar, pero con el inconveniente de depender de tecnología extranjera.

Gradas horizontales Bazán

Campana N.Sra.Belén
Con posterioridad, Bazán empezó a desarrollar sus propios proyectos de buques, construcción de motores diesel con licencia alemana, además de otros trabajos para la marina mercante, fundición de las campanas para la catedral de Murcia (“San Antonio 138 kg.” “Sta. Eulalia 275 kg” “Ntra Sra. De Belén 1272 kg” “La Grande 296 kg”), etc.

En el año 2000 nace IZAR, como resultado de la fusión entre Astilleros Españoles (AESA), sociedad que aglutinaba los astilleros públicos civiles y la Empresa Nacional Bazán como astilleros militares.

En diciembre de 2004 la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), máxima accionista y gestora del grupo, decide la segregación de la rama militar de Izar, creando en marzo de 2005 la sociedad NAVANTIA, orientado a lograr una mayor eficacia empresarial.













Despues e tantos cambios, veremos que nos depara el futuro para este Arsenal casi tricentenario.

Gerentes Arsenal de Cartagena:
1731 -1909 Dependencia militar exclusiva
1909 -1939 Sociedad Española de Construcción Naval
1939 -1947 Consejo Ordenador de Construcciones Navales Militares
1947 - 2000 Empresa Nacional Bazán de Construcciones Navales Militares S.A
2000 - 2005 Izar
2005 -  ¿?    Navantia

NOTA - Lamento haber puesto tantos enlaces externos, pero dada la terminología marinera creo era necesario para una mayor comprensión de los visitantes de este Blog. Gracias.
Para los interesados en conocer más sobre los navíos de linea de la Armada española:
http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Nav%C3%ADos_de_l%C3%ADnea_de_la_Armada_Espa%C3%B1ola

Bibliografia:

- http://www.armada.mde.es/
- "La industrialización portuaria de Cartagena: su proceso y perspectivas".
   José Luis Andrés-Sarasa. Universidad de Murcia
- "El arsenal de Cartagena: patrimonio de la historia industrial naval española".
   María Griñán Montealegre, Mª Dolores Palazón Botella.Universidad de Murcia
- "Fuentes para el estudio de la historia naval: los fondos del archivo general intermedio de la armada en Cartagena".
  Cristina Roda Alcantud. Universidad de Murcia.
- "Cartagena: el arsenal ilustrado del mediterráneo español".
  José Patricio Merino
- Archivo de Simancas. Archivos estatales del Ministerio de Cultura.
- Fotografías obtenidas de diversas paginas de la Red

(*) Fuente: Estado General de la Armada, 1848, Apéndice, cuadro entre pág. 16-17.

viernes, 16 de noviembre de 2012

PUERTAS DE SAN JOSÉ - CARTAGENA

La entrada a Cartagena en la antigüedad, se hacia desde el istmo, siendo la única entrada posible al estar el resto de la ciudad rodeada por el agua, por un lado el mar y por otro el estero o almarjal, actualmente desecado y edificado.

Escipión "El Africano"

 La puerta de paso a través de las primitivas murallas, estaba ubicada al inicio de la calle San Diego en su conjunción con la Plaza de Bastarreche. Este lugar tuvo un gran protagonismo en el año 209 a.C., en la 2ª guerra púnica, al iniciar en esta zona Publio Cornelio Escipión “El Africano” su breve sitio, con la subsiguiente rápida conquista de la joven Kart-Hadašt cartaginesa, fundada por Asdrúbal en el 228 a.C. Tras la toma de la ciudad, se repararon las murallas, dejando sólo dos puertas llamadas del Mar (situada en la playa, lo que hoy serian las cercanías del ayuntamiento-calle Bodegones) y la de Tierra (la situada en el istmo), enlazando esta última con la vía Augusta y el camino que llevaba hacia las minas de plomo y plata de La Unión.

Idealización urbana siglo I d.C. (Museo Arqueológico Municipal)
Tras el ocaso del dominio romano, y el posterior amurallamiento de la villa en una posición más cercana al centro urbano, ocasionó la retirada de la población y el consiguiente abandono de este terreno del istmo. Las investigaciones arqueológicas realizadas, prueban que la Cartagena antigua ocupó una mayor extensión que la población del siglo XVI. Desde la Carthago-Nova romana (conocida también por Cartago Spartaria y Cartago Skombraria), su posterior destrucción por los visigodos en el s. VII, el paso de bizantinos (llamada Justina y también Carthaginem), de los musulmanes (Qartayannat-al-Halfa), las tropas levantinas de Jaime I, y posteriormente los castellanos (Cartageña o Cartagenia), originó que Cartagena en la época medieval quedara reducida a una pequeña población con menos de quinientos habitantes, que habitaban al amparo de su fortaleza del monte de la Concepción.
En el siglo XVI, era extramuros del recinto urbano el terreno comprendido desde la actual plaza de la Merced, hasta el cabezo de San José (Aleto en época romana), nombrado como “arrabal de San Jusepe”, por encontrarse en el citado montículo la ermita de San José, fundada a principios de 1500. En la ladera que desciende hacia Cartagena se edificó en 1606 el monasterio de Franciscanos Descalzos, poniéndose bajo la advocación de San Diego, empezándose a denominarse a partir de este momento a todo este área “arrabal de San Diego”.
Frente al cabezo de San José, se encontraba el cabezo de la Cruz (denominado Crono por los romanos), en el área existente entre uno y otro no existía ninguna puerta, pese a ello, el pueblo llamaba a este espacio “Puerta de San José”, ¿rememoración de la puerta existente en la antigua muralla púnica?. Desde aquí nacía el Paseo de Delicias que encaminaba a Santa Lucia, estas obras del paseo se llevaron a cabo en 1758, siendo Corregidor el Conde Ricla.
 En esta época, la puerta existente era la de San Gines (A), en las murallas de Felipe II, al inicio de la actual calle del Duque; recibiendo este nombre por salir de ella el camino a la pedanía de San Gines de la Jara (Dehesa del Lentiscar), además de conducir a la Dehesa de Escombreras, a los Alumbres Nuevos y a Orihuela.



Muralla de Felipe II - 1600 (Alfonso Grandal)
 
El aumento de población en los años de 1700, y el encorsetamiento que provocaban estas murallas, impedía la adecuada transformación urbana de la ciudad. Como pieza fundamental del plan de defensa del Arsenal y de la plaza de Cartagena, Carlos III promovió otras murallas más alejadas de la urbe, que constaba de tres puertas principales, las del Muelle, Madrid y San José, esta última ubicada en la zona entre los dos cerros antes citados de San José y La Cruz. Para proceder al levantamiento de este paño de la muralla con su puerta y cinco bóvedas, que formaban el conjunto correspondientes al cuerpo de guardia con sus servicios anejos, fue necesario el desalojo, derribo y la consiguiente indemnización a sus propietarios de varias casas, y trasladar de sitio la ermita de San José, de la cual se conserva la cripta para enterramientos, incrustada en los vestigios de la antigua muralla púnica, a la que se accede actualmente por la escalera original, tratándose del único resto que nos queda de la Ermita. Siendo desde ese momento la Puerta de San José la principal zona de acceso a la ciudad histórica. 
Plano de José Ordovás - 1799
Al existir solamente una puerta, no era suficiente para el transito que por ella había, por ello, por una Real Orden del 18 de junio de 1866 se mando edificar otra puerta junto a la existente, por lo que se transformó en una entrada doble, siendo su fachada de piedra labrada y adornada con remates de bolas de piedra, con un escudo heráldico, también labrado en su parte superior. ¡Ya se podía decir “Puertas de San José”!.
Plano de julio de 1772 donde se aprecia una sola puerta

Boceto de las dos puertas
Esta zona fue asimismo una de las que más sufrieron el bombardeo de las tropas sitiadoras, con motivo de la insurrección cantonal (1873-74), hay fotos de la época con la muralla medio derruida y los cañones que disponía en su parte superior, esparcidos en el suelo entre los escombros.
En la parte inferior izquiertda hay un cañon en el suelo - 1874

Doble puerta de San José inicio siglo XX
Vista de las puertas de San José desde la ciudad, calle de San Diego.
 Al haber perdido las murallas su interés defensivo en 1891, y siguiendo las normas dictadas por el nuevo plan urbano que contemplaba el derribo de parte de ellas, así como de las tres puertas de acceso, su Majestad el Rey Alfonso XIII firmó una Real Orden el 14 de mayo de 1902 autorizando la demolición. El Ayuntamiento no tardó mucho en aplicarla, ya que a los tres días se derribó la primera piedra en las Puertas de Madrid con un zapapico de plata por el entonces alcalde D. Angel Bruna Egea.

En el año 1916, las Puertas de San José fueron las últimas en derribarse, se mantuvieron dos de las cinco bóvedas que formaban el conjunto, y que correspondían al cuerpo de guardia. Los materiales demolidos fueron numerados y depositados en el almacén municipal, donde fueron desapareciendo gradualmente. Las estructuras que se conservaron y respetuosamente rehabilitadas por el arquitecto municipal, se utilizan actualmente como oficinas del Centro de Información Turística, teniendo su acceso por la calle san Diego.

Bibliografía:

- Discurso de la Ciudad de Cartagena. Francisco Cascales. 1597.
- Enciclopedia Espasa.
- Historia de las calles de Cartagena. Federico Casal Martínez. 1930.
- Historia de Cartagena. Juan Soler Cantó. 1990.
- Puertas de Cartagena. Juan Soler Cantó. 2002.
- http://www.cocin-cartagena.es/cartur03.htm
- Archivo de Simancas